miércoles, 21 de febrero de 2007

20:14

20:14

Levanto la mirada de mi reloj. Sé que no vendrá. El semáforo de peatones emite parpadeos verdes. Echo a correr y cruzo el paso de cebra en un tiempo récord. Comienzo a caminar por una calle peatonal mientras apago y guardo el teléfono móvil en mi mochila. Mi mano derecha sujeta una bolsa de plástico que contiene un paquete sin abrir. Sin frenar el paso, tiro la bolsa y su interior en una papelera que encuentro en mi camino. Giro en una esquina hacia la derecha y tropiezo violentamente con una oronda mujer que acto seguido comienza a insultarme. Cabizbajo sigo andando y llego al lugar donde dejé aparcado mi coche. Saco el mando, abro la puerta y entro. Arranco y, breves instantes después de encender la radio, comienza a sonar nuestra canción. Bajo rápidamente el volumen, apoyo la cabeza en el volante y maldigo las casualidades de la vida. Minutos más tarde llego a casa. Abro la puerta y me quedo un largo rato parado en el recibidor mirando hacia el salón. Ya recogeré todo mañana. Entro en mi habitación y, esquivando las formas y los colores con cuidado de no producir el más mínimo ruido, dejo mis cosas en la mesa y me meto en la cama. Apoyo mi cabeza en la almohada. Lloro.

20:14


Levanto la mirada de mi reloj. Sé que no vendrá. El semáforo de peatones luce en verde y comienzo a cruzar lentamente por el paso de cebra. A mitad de camino una mano me agarra del hombro. Me giro y veo su rostro. Terminamos de andar hasta llegar a la acera y, una vez allí, nos quedamos observándonos fijamente el uno al otro con brillo en las ojos. Nos fundimos en un abrazo cálido sin necesidad de palabras. Al cabo de un rato nuestros cuerpos se separan lentamente y extiendo hacia ella la bolsa de plástico que tengo en mi mano. Mientras desenvuelve el paquete, guardo mi móvil en la mochila sin dejar de mirarla ni un sólo instante. Sonríe una vez que descubre lo que es y con cara de auténtica felicidad me besa primero en las mejillas y luego en los labios. Durante el resto del trayecto se la ve ilusionada y me acaricia la mano de la que va agarrada. Justo antes de doblar una esquina, una señora oronda nos pregunta la hora con amabilidad. Son las 20:22. Nos da las gracias y seguimos andando. Saco el mando del coche, lo abro y entramos. Arranco el motor y enciendo la radio, llegando a tiempo de escuchar los últimos acordes de nuestra canción. Subo el volumen y nos miramos como si fuésemos atacados por una de tantas señales que tiempo atrás nos acosaron. Volvemos a besarnos. Minutos más tarde y frente a la entrada de mi casa le pido que cierre los ojos. Abro la puerta y la conduzco al salón. No soy ningún genio de la cocina así que sólo he podido preparar algo de pasta con tomate y una tarta de chocolate, la cual, al sacarla del molde, se ha partido en dos trozos desiguales. La vela que me regaló por mi anterior cumpleaños está encendida en el centro junto con otras dos más pequeñas repartidas por la mesa. Acabamos de cenar y vamos a mi habitación. Dejo que sea ella quien abra la puerta y se encuentre el cuarto lleno de globos de todos los colores. Comenzamos a jugar con ellos y algunos se explotan y hacen ruido. En medio del juego, caemos abrazados en la cama. Hacemos el amor. Apoyo mi cabeza en la suya. Lloro.

20:13

Miro mi reloj.

3 comentarios:

Tatus dijo...

Increible Javi... simplemente precioso.. un gran baile de tristeza y alegría.. eres grande, tio.. nunca dejes de escribir. Un abrazo muy fuerte..

M.A. dijo...

Me parece simplemente precioso. No sé qué más puedo decir.
Aunque nunca antes te había dejado comentarios, suelo meterme a menudo en este pedacito de tí con que nos obsequias, y la verdad es que me encantan tus historias (las más tristes suelen ser las más bellas). Me sirven para hacer un paréntesis en la rutina diaria y pararme un rato a pensar. Muchas gracias,Javi!!!
M.A.

Sofi dijo...

¿Existen las casualidades? Yo creo más en las señales. Últimamente me pasa mucho que un amigo me descubre cosas completamente nuevas para mí y en cuestion de horas se vuelve a repetir en algún otro aspecto de mi vida. Algo de lo que nunca habia oido hablar de repente aparece ante mí más de una vez... casualidades... lo dudo, señales.
SOFI