miércoles, 15 de julio de 2009

Señal de Humo

Aquella noche le había costado dormirse. Con un libro entre las manos, alargaba las horas de oscuridad sumergiéndose en un mundo de fantasía que reemplazara al real, aunque a decir verdad ya no era capaz de decir cuál de los dos se asemejaba más a un guión de película o a una historia de aventuras.

En ese momento los días pesaban sobre sus hombros como losas y, a pesar de estar convencido de que estaba haciendo las cosas de la forma correcta, a pesar de sentir la necesidad de lo que se planteaba, a pesar de que el optimismo le entregaba todas las fuerzas que le hacían falta... a pesar de todo eso, lo único que quería era convertirse en un indio y enviar al cielo una señal de humo gigante diciendo con la mayor claridad que todo iba bien, una señal tranquilizadora para que la pudiera ver quién quisiera y después tumbarse en el césped a contemplar la respuesta de las nubes.


Sabía que era fácil caer en el desánimo al que daba lugar el aislamiento, por eso, cuando se producía, pocos instantes después se reconfortaba diciéndose a sí mismo que existen ocasiones en las que un silencio o una ausencia es la mejor forma de dar lo más preciado de uno, de demostrar todo lo que puede llegar a importarte algo. La mente es muy traicionera y posiblemente intenta inventarse cosas y rellenar huecos cuyo contenido desconoce de la peor forma imaginable. Después, pasado un tiempo, descubres que las piezas encajaban de una manera distinta y que el puzzle tiene mejor aspecto del que tú te habías construido.

Acabó de hacer el fuego, liberó las palabras que contenía su carta y éstas se elevaron hasta el cielo.

1 comentario:

Miguel dijo...

Ése es mi Javi Pastel...